
La Semana Santa de Medina del Campo es Fiesta declara por el gobierno español de Interés Turístico Nacional, y es reconocida en todo el país por sacar a la calle uno de los conjuntos escultóricos más sobresaliente de la imaginería procesional renacentista española.
Donde el silencio se escucha
Las procesiones de disciplina en esta villa castellana ubicada en el corazón de Castilla y León, se documentan desde la llegada de San Vicente Ferrer en el año 1411, avalado por la predilección que el infante D. Fernando, -Señor de Medina del Campo, rey de Aragón y principal impulsor del viaje castellano del santo- siente por su villa natal.
A lo largo de la historia, las noticias que conocemos de las hermandades penitenciales de la Villa de las Ferias nos hablan de tres cofradías de gran tradición, bajo las advocaciones de la Vera Cruz, la Quinta Angustia de la Virgen y de la Misericordia o nazarenos.
La Cofradía de la Vera Cruz data del año 1544 y en 1588 construye su propio templo con hospital de pobres y corral de comedias. Sacaba procesionalmente de la Iglesia de la Cruz, en la tarde del Jueves Santo, varios pasos en la vulgarmente conocida como "Procesión de los Pobres".
En cuanto a la Cofradía de la Quinta Angustia de la Virgen, los primeros datos conocidos están fechados en 1567 y al igual que la Cofradía de la Vera Cruz (y en el mismo periodo histórico) sacaba una procesión completa de la Pasión de Nuestro Señor en la tarde del Viernes Santo conocida popularmente como "Procesión de los Ricos".
Existió una tercera cofradía denominada de la Virgen de la Misericordia cuya constitución fue aprobada el 13 de junio de 1542 y que popularmente fue conocida como hermandad "de los nazarenos".
La Semana Santa medinense, acusa el periodo de decadencia de la Villa de las Ferias, y es a partir de 1941, como consecuencia de unas misiones que se celebran en la localidad, a partir de las cofradías existentes y con la fundación de otras nuevas, cuando vemos renacer lo que son hoy las manifestaciones procesionales de silencio y recogimiento que definen la Semana Santa de Medina del Campo.
En 1983 se funda la Junta de Semana Santa por acuerdo de todas las cofradías y comienza la recuperación del evento más importante de la villa durante todo el año, y en el que a diferencia de otras localidades, la mayor parte de sus participantes es gente joven.
Además de todo ello, en el Palacio Real donde testo y murió la reina Isabel la Católica, está ubicado un Centro de Documentación sobre la Semana Santa en España, que en el año 2011, con motivo del VI Centenario de la creación de las Procesiones de Disciplina, se ampliará con la apertura del Centro Cultural San Vicente Ferrer, espacio turístico dedicado a la difusión e interpretación de la Semana de Pasión en España e Hispanoamérica.
Las Procesiones de Disciplina más antiguas de España
En la actualidad en la Semana Santa medinense, los 3.000 cofrades acompañan a 30 pasos en 14 desfiles procesionales que empiezan el Viernes de Dolores, con la Procesión de la Virgen de las Angustias, patrona y alcaldesa perpetua de la villa, presidida por la Corporación municipal bajo mazas.
El Sábado de Pasión Pasión se realiza el Traslado Procesional del Nazareno de la Cruz, pequeña joya en papelón de la escuela castellana del XVII, de la Ermita de San Roque a la Ermita del Amparo, y El Domingo de Ramos, Procesión de la Borriquilla y Peregrinación del Cristo del Amor.
Los Rosarios de Penitencia, el Lunes y Martes Santo, con el paso del Cristo de la Penitencia (anónimo s. XVI), manifestación popular y silenciosa para hombres y jóvenes, siendo actualmente la que mejor guarda la idiosincrasia de las procesiones castellanas de antaño. También el Martes Santo, Rosario de la Soledad, donde las mujeres acompañan desde este año 2010 a la virgen de la Esperanza.
Miércoles Santo, Vía Crucis Popular: una gran multitud que sobrepasa las 3000 personas alumbran a Cristo en la Cruz (anónimo s. XVI), deteniéndose en las 14 estaciones señaladas a lo largo del itinerario por el Centro Histórico y Comercial de Medina del Campo.
Al caer la tarde del Jueves Santo, se pone en marcha la Procesión de Caridad, con el Santo Cristo de la Agonía, (Domingo Beltrán, 1565), acompañado por los cofrades de Ntro. P. Jesús Atado a la Columna.
Un rumor de pasos y redobles destemplados de tambores, rompen el silencio por las calles que confluyen en la Plaza Mayor de la Hispanidad, cuando en la noche del Jueves Santo el reloj de la Colegiata da las once de la noche; son el Lignum Crucis (Anónimo, siglo XVII), Crucificado de la Santa Vera Cruz (anónimo s. XVI), Cristo Orante (anónimo s. XVI), el Ecce Homo (Luis Fernández de la Vega, 1650), el Nazareno de la Cruz (escuela castellana s. XVII), la Virgen de la Amargura (Francisco Rincón s. XVI), el Cristo de Santa Clara (anónimo s. XIV), Ntra. Sª del Mayor Dolor (María Jesús Merino de la Fuente 2005) y el Cristo Yacente (anónimo, 1600), que portados a hombros por los cofrades con el único distintivo del farol que alumbra el discurrir de las imágenes, se concentran para iniciar la Procesión de la Vera Cruz, quizás la más emotiva de las procesiones que la Semana Santa de Medina del Campo celebra. Recuperando así la antigua Procesión de los Pobres, de la Cofradía de la Vera Cruz, un impresionante silencio que se puede palpar en el ambiente, acompaña todo el recorrido que tiene su culminación en la Plaza Mayor de la Hispanidad cuando en la oscuridad de la noche a la luz de los faroles, el silencio queda roto por el canto del Miserere.
En la madrugada del Viernes Santo, traslado del Cristo de Santa Clara (Procesión de Sacrificio) que realiza la Cofradía del Descendimiento, a las 7 de la mañana desde la Iglesia de San Miguel hasta el Monasterio de Santa Clara, realizando durante el recorrido diversos actos penitenciales, pasando por es espectacular Castillo de la Mota, joya de la arquitectura europea renacentista y Monumento Nacional desde 1904.
Partiendo de la Colegiata de San Antolín los pasos de Jesús Nazareno y de la Virgen de la Soledad, acompañados por todas las cofradías y sus respectivas bandas de cornetas y tambores, inician sus recorridos diferentes, a las 12 de la mañana del Viernes Santo, confluyendo ambos en la Plaza Mayor de la Hispanidad donde se produce el Encuentro y el Nazareno cae (se inclina) ante la Virgen. Es una de las procesiones con más carisma y devoción, a la que asiste gran cantidad de público que se concentra en la Plaza Mayor de la Hispanidad para escuchar la meditación pronunciada por un sacerdote cuando se produce el Encuentro.
A las 8´30 de la tarde del Viernes Santo tiene comienzo la Procesión General del Silencio a la que acuden todas las cofradías con los pasos de: Lignum Crucis (Anónimo, siglo XVII), El Lavatorio (Mariano Nieto, 1989), Oración del Huerto (anónimo s. XVI), Ntro. P. Jesús Atado a la Columna (Domingo Beltrán, 1565), Jesús Nazareno (Francisco Rincón s. XVI), Cristo de la Agonía (Domingo Beltrán, 1565), Calvario (Francisco Rincón s. XVI), Cristo de la Luz (Juan Picardo, 1554), Descendimiento (Fco. González Macias, 1954), Ntra. Sª del Mayor Dolor, Ntra. S. de las Angustias (anónimo s. XVI), Cruz Desnuda (Ricardo Flecha, 1994), Cristo Yacente (atr. taller Sebastián Ducete s. XVI), Santo Sepulcro (Maestro de Covarrubias s. XVI) y Virgen de la Soledad (anónimo s. XVI).
Terminan los desfiles procesionales en la mañana del Domingo de Resurrección, en el que tras producirse el Encuentro entre Cristo Resucitado con la Virgen de la Alegría, en la Plaza Mayor de la Hispanidad frente a la Colegiata y junto al Sepulcro vacío, inician la procesión todos las cofradías medinenses con disparos de cohetes y suelta de palomas y globos, mientras las 7 bandas de cornetas y tambores medinenses interpretan el Himno de la Alegría.
La Semana Santa en Medina también es gastronomía
La Tierra de Medina es una comarca dedicada a la agricultura y a la ganadería en la que los productos de la tierra son la base de su gastronomía. Lo que fundamenta la cocina medinense no es la sofisticación de sus recetas sino más bien el uso de una materia prima de calidad que se puede disfrutar en cualquiera de sus productos. Y aunque es cierto que los medinenses viven la Semana Santa en la calle, hay otro escenario fundamental que justifica el recuerdo entrañable de estas fechas: las reuniones de amigos y familiares. Es ahí donde, al calor de la conversación, la gastronomía de esta tierra se erige como protagonista. Original y auténtica de por sí, los días de Pasión se viven en torno al sabor del potaje de garbanzos y el bacalao cocinado de mil formas en los fogones medineses: al ajo arriero, al pil-pil, en salsa verde...
La tarde de Jueves Santo es costumbre antigua recorrer siete iglesias visitando al Santísimo en los altares preparados para ello. Pero también es costumbre antigua recorrer siete iglesias, en este caso de techo bajo, es decir, bares, mesones o tabernas donde hay que “matar judíos” que no es otra cosa que beberse un vaso de limonada, como se dice en Medina, o de sangría como se conoce en otros lugares. Buen vino de la tierra, limones macerados y azúcar para preparar esta bebida dulzona que se puede acompañar con una torrija, regada con miel o con almíbar que es el postre que no puede faltar estos días en ningún hogar medinense.
Y al llegar el Domingo de Pascua, un buen lechazo de la tierra o un cochinillo asado al horno de leña al estilo de Medina. Por supuesto todo ello regado con buen vino de la Denominación de Origen Rueda.
Y si de endulzarse la vida se trata, nada que mejor que acercarse al obrador del convento de las Madres Clarisas donde los empiñonados, las pastas de te o los hojaldres harán las delicias de los más golosos.
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